Detrás de los olores

2010 Febrero 6

Mirar hacia otro lado con la oreja puesta.

No puedo si no reírme de los comentarios que se hacen sobre mí. ¿Qué otra cosa podría hacer? Yo por suspicaz o los demás por torpes, acabo dándome cuenta de los rumores que circulan a mis espaldas. Y seguro que tampoco de todos, eso es una norma universal: “Si lo que oyes sobre ti es malo, lo que dicen sin que les escuches es peor”.

Pero tal vez el problema no sea que ellos hablen, todos hablamos. Tal vez el problema sea que me afecta. Sí, a mí, ¿es que no puedo sentirme afectado de vez en cuando? Dadme un poco de tregua, queridos lectores. El problema es que los comentarios me afectan como si fueran verdad, como si tuviera algo que demostrarles. Como si pudieran ser jueces de mi vida y yo tenga que vivirla a su gusto para saciarles. ¿No es bizarro intentar vivir tu vida en base a comentarios que nunca has escuchado?

Muchas entradas vais a leer de este estilo, no sólo aquí. El mundo está lleno de gente que por llevar una vida demasiado particular genera falsos rumores alrededor. Así de atractivos somos algunos. Así de misteriosos. Y suelen tener blogs parecido a éste, y suelen escribir cosas parecidas a ésta. Entonces, ¿por qué os debería parecer especial esta entrada de hoy? ¿Por qué tendría que resultaros original o interesante? ¿Por qué debería importaros?

No todo en la vida es original ni interesante. Y, al igual que lo que digan sobre vosotros, no todo debe ser importante. Mañana más.

Sin compensación

2010 Febrero 3
por ludkubo

Sin señales aparentes.

Después de tiempo sin responder a mis llamadas, decidí ir a verle. No es demasiado propio de mí, de acuerdo, pero es que me pillaba de camino hacia la librería. Quería comprarme el último libro de Vonnegut en español, y es que parece que si ahora un libro no habla de vampiros o misterios medievales no tiene interés traducirlo. Pero ese es otro tema.

Me lo encontré como esperaba encontrármelo, con una bata de esas gruesas que hacen bolitas en los hombros y con un ligero aliento a queso fundido y harina tostada. Me levantó una mano, saltaron bolitas marrones de su brazo y le devolví el saludo con un abrazo amistoso. Su nuca olía como los cojines superiores de un sofá estriado, ya sabes, esa esencia a siesta que se queda entre las fibras. Le pregunté a qué se dedicaba ahora, después de tanto tiempo sin dar noticias.

“A nada”, me respondió apagando la televisión. No la estaba vivendo, sólo quería ruido ambiental mientras fregaba los platos del desayuno. “Después de lo que pasó, he decidido no dedicarme a nada”.

Yo sabía de lo que hablaba, y él también. Así que no hacía falta preguntarle ni hablar sobre ello, mejor hacer avanzar la conversación.

“Todos cometemos errores, tenemos bajones. ¿Seguro que es para tanto?”

“No, claro que no. No para cualquier otro. Para cualquier otra persona sería un bache sin importancia, algo que comentar en una noche con los amigos. Pero mírame”, se señaló el pelo grasiento, “¿tengo pinta de ir mucho a cenar con amigos?”.

Lo entendía perfectamente. La gente no se deprime por fallar, se deprime por no poder compensar esos fallos con algún logro. Da igual lo fuerte que te des un batacazo, una alegría lo bastante grande puede hacerte salir adelante.

“No me jode fallar”, prosiguió, “me jode no acertar nunca. Así que he decidido que la única manera de no fallar, es no intentar nada. Y aquí estoy”. Metió la mano en una bolsa y la dirigió hacia mí: “¿Ganchitos?”.

“Pero si no haces nada”, dije negando con las manos su invitación, “tampoco puedes triunfar. Así no vas a superar tu último error”.

“Eso ya lo hará el tiempo”.

“Eres demasiado pesimista”.

“Yo creo que sólo soy práctico”.

“Mira”, me acerqué a él, “no voy a decirte que lo que nos hace vivir es fallar y aprender de nuestros errores, porque eso es una gran mierda. Dejaré de darte el sermón si me respondes simplemente a una pregunta”.

Él me miró, respirábamos el mismo aire.

“¿Así eres feliz?”.

No he vuelto a ver su bata con bolitas desde entonces.

Momentos para todos

2010 Enero 29
por ludkubo

Demasiado obvio.

Dicen que por mucho que tengas planeada tu vida, por mucho que te empeñes en hacerla avanzar, sólo un instante puede cambiártela para siempre. Joder, pues claro.

Y es que ese instante, en realidad, no tiene por qué ser imprevisto. Tu vida no sólo la cambian los imprevistos y las sorpresas. Una vida no se basa sólo en fugaces instantes aleatorios que chocan contra ella en el tiempo haciéndola pedazos. Una vida cambia en un sólo instante, claro, pero es que resulta obvio.

¿Cómo iba a cambiar la vida si no? Al igual que la evolución en la naturaleza, que cada paso progresivo lleva a ese gran salto del que nace una nueva especie. Ese pequeño instante que mejora nuestra existencia. No tienen que ser sorpresas, pueden ser simples culminaciones de proyectos que llevan tiempo gestándose.

Tener un hijo te cambia la vida, y no es así hasta el mismo instante del parto. No es una sorpresa, llevas 9 meses sabiéndolo. Y si no te la cambia el parto te la ha cambiado enterarte de ello, lo que te valió sólo un instante hacerlo. Al igual que un ascenso en el trabajo o la muerte de un enfermo al que tengas en estima. Por mucho que sepas que va a llegar o que lleve tiempo preparándose, no es hasta el mismo instante de su concepción en que nos cambia la vida de verdad. Y no estoy diciendo nada nuevo.

Mirar la nota de un exámen, encontrarte con un antiguo amigo, desembarcar en un nuevo lugar, perder un objeto valioso, romperse una prenda de ropa, ver nevar por primera vez, casarse, comprar una casa, ganar un campeonato deportivo, publicar un libro. Nada te cambia la vida progresivamente, todo se basa en un sólo instante.

No estoy diciendo nada nuevo. Y como yo, ninguna de las manidas frases de auto-complacencia que podáis leer en libros y páginas de Internet. Otro ejemplo de la estúpida manía de darle sentido extra-terrenal a las evidencias.

Velo de verdades

2010 Enero 24

Buscándole un sentido.

Se levantó empapado de sudor con el recuerdo de su último sueño aún burbujeando por las venas de su frente, presionándole el cráneo, ahogándole desde la sien. Tembloroso, con el pulso de alguien inquieto por una verdad demoledora, recogía agua y se la echaba en la cara enérgicamente. Intentando limpiar de su memoria las experiencias de esa noche.

Él creía firmemente que los sueños significan siempre algo. Algo que nos resignamos a aceptar pero que a nuestro subconsciente le gusta recordarnos de vez en cuando, por hacernos sentir culpables. Él creía que la culpabilidad no era más que el principio de la responsabilidad. Y la responsabilidad es lo que te hace madurar. Según solía decir, los sueños nos hacen mejores personas, nos hacen crecer. Recordar los sueños es como hablar con nosotros mismos pero diciendo la verdad. Pero como toda buena charla, para sacarle provecho sólo necesitas una cosa: entender lo que te dicen.

Rasgaba con sus espesos dientes una tostada dejando caer algunas crujientes migas en su regazo de lana mientras meditaba sobre su sueño. O según él, sobre sus propias confesiones. Sus verdades a la espalda. Intentaba recordar caras y gestos, reinterpretar situaciones y colores. Hay gente que sueña en color, otras en un sólo color. A veces se sueña en blanco y negro, y todo quiere decirnos algo. Como un pintor que escoge sabiamente los colores para expresar, nuestro subconsciente no utiliza la paleta en vano. Hay gente que sueña en negro. Lo ve todo oscuro pero sabe que está soñando, aún sin distinguir formas. Es la manera que tiene su subconsciente de hacerle saber la verdad: ocultándosela.

Él recuerda perfectamente quién salía en el sueño. Aunque no se parecía, ni andaba ni olía como ella, eso qué más da. Las personas están por encima de olores y apariencias. Por encima de los ojos y el tacto. ¿Nunca has reconocido a alguien sólo por el viento que pasa entre sus dedos? Así es como tu subconsciente te presenta a las personas: en su más pura esencia. No necesitan ser ellas para estar ahí. Y Él lo sabía. ¿Pero qué hacía allí?

Los lugares tampoco son lugares en los sueños. Un lugar es lo que es por las experiencias vividas en él: por mucho que cambie seguirá siendo el mismo lugar. Incluso con los años y los siglos por devenir, ese lugar seguirá siendo el mismo. Si viajáramos al futuro para encontrarnos en el mismo lugar, nos daría igual ver naves voladoras o fábricas ecológicas sobre él. Seguiría siendo nuestro espacio, nuestro cajón de experiencias. Tu subconsciente lo sabe y no necesita una postal para hacerte viajar, lo hace con las ideas. Sólo tienes que abrirte a ellas.

Personas desconocidas en lugares extraños, comportándose de forma confusa. ¿Cómo alguien puede reconocer algo familiar entre tanto caos? ¿Cómo los sueños nos resultan tan cercanos entre tanta psicodelia imaginativa? Cada día al levantarse, Él se pregunta, ¿cómo podemos vivir de los sueños si los sueños salen de nuestra vida?

Se ata unos ásperos cordones por encima del talón mientras se contempla en el espejo y debe parpadear varias veces para reconocerse. “Los sueños, como los mejores discursos”, piensa Él, “pueden llegar a cambiar nuestra vida”. A nadie le gusta que le digan una verdad que no quiere oír, ni siquiera cuando nos la decimos nosotros mismos.

Pero tal vez sólo haya soñado con una desconocida en un extraño lugar, después de todo.

Un juego amañado

2010 Enero 20

No me gustan esas reglas.

Si puedo escoger, prefiero hablar antes con una chica que tenga pareja que con una soltera. Si piensas que debería ser al revés dame tus motivos, porque ahora voy a pasar a enumerar los míos.

Una chica, qué digo “chica”, una PERSONA soltera siempre está buscando pareja. Es parte de la sociedad, casi de la naturaleza humana. No siempre anda buscando matrimonio o una relación estable, no lo entiendas por ahí, una persona siempre busca a otra. Aunque sólo sea para un revolcón casual o una inocente merienda en el parque.

Todas las personas solteras lo hacen en la primera impresión. Se les pasa por la cabeza, aunque sea durante un mínimo instante, si la persona con la que están hablando encaja en sus preferencias. Si podría llegar a ser una buena pareja, simplemente una amistad o si la van a reservar como segundo plato por si otras opciones fallan. Tal vez no sea un dilema que te traiga de cabeza, tal vez no un pensamiento incesante que gobierna tus noches sobre la almohada. Pero reconócelo, lo has pensado durante una fracción de segundo.

¿Has visto alguna vez a dos personas solteras hablando? Dos desconocidos que acaben de encontrarse, nada de viejos amigos. ¿Te has fijado en ellos? En la manera de mirarse, de observarse, de moverse. En su tono de voz, en los movimientos de sus manos respecto al otro. Se pueden distinguir de lejos a dos solteros que acaban de conocerse. Ambos sometidos a la visión crítica del otro, al filtro de los ideales. Pasados por un escáner de preferencias sexuales al aire libre, examinados inconscientemente. Una persona busca a otra, es así de simple.

Forma parte de nuestra estructura social, de nuestra vida, el someterse a éstos exámenes. Es lo que acaba dando las noches inolvidables y lo que puebla nuestro mundo. Como cuando ves pasar a una chica que te gusta mientras esperas sentado en la parada de tren, pero al contrario. Y viceversa. Hay gente verdaderamente experta en ese campo, libros que hablan de ello, DVDs que nos ayudan con consejos para superarlo con éxito. Son las reglas de nuestro juego.

Una de las cosas en las que a veces me siento menos humano, es en esto. En no aceptar estas reglas conductualmente impuestas. Me incomoda, aunque no tendría por qué, el hablar con personas solteras cuando yo mismo lo soy. Me siento como si tuviera que demostrar algo, los demás esperan que yo espere que demuestren algo. Pero no es así. En ningún momento se me pasa por la cabeza, no hay un sólo segundo en que pretenda entrar en el juego de miradas y frases ingeniosas. No me apetece, simple y llanamente, comportarme como el resto. Lo demás sería actuar y nunca he sido buen actor. Se me da demasiado bien decir la verdad sin querer.

Por eso prefiero hablar con chicas emparejadas. Personas con ese aspecto del comportamiento ya satisfecho, personas que no están a la búsqueda de segundas intenciones. No todas las parejas son perfectas ni estables, las parejas se rompen. ¿Pero me crees de verdad con el carisma y la presencia suficientes para ello? En ese aspecto, estoy a salvo. No soy de los que rompen parejas, soy más bien de los que las mantienen. No me intereso por una chica, me intereso por su bienestar. Un bienestar que ella ya debe traer puesto cuando hablamos.

Dicen que cada persona busca a otra. Que tengan suerte entonces.

(E)motivos

2010 Enero 17

Uno no siempre encuentra razones.

No todo debe tener un objetivo claro, a veces simplemente actúas por ver qué pasa. Como el primero que lanzó una piedra al agua y se maravilló viendo las ondas que se creaban, o aquél otro al que se le ocurrió poner Mentos en una botella de Coca-Cola. Sin finalidad, simplemente por experimentar. Salirse un poco del camino y ver qué te deparan los campos más allá de la cuneta, sólo eso.

Como sentarse delante del ordenador a escribir y ya está. Muchos lo hacemos. No se pretende decir nada, ni siquiera desahogarse ni pasar el tiempo. A veces ni siquiera escribes pensando que al final acabará saliendo una gran idea, uno no siempre es tan ambicioso. No todo lo que leas te va a cambiar la vida ni todo lo que escribas te va a ayudar a comprenderla. A veces las cosas, simplemente, no tienen finalidad.

¿Por qué hablas con una persona y no con otra? ¿Por qué vas a un lugar y no a otro? ¿Por qué olvidamos? ¿Por qué destruimos, creamos? ¿Tiene todo una finalidad? ¿Buscamos de verdad un beneficio o un daño en todo lo que hacemos? ¿Así de egoístas somos?

Tal vez no debería seguir escribiendo, que parece que esté divagando sobre mis intenciones. Y eso sería una finalidad.

La tensión de los exámenes

2010 Enero 14
por ludkubo

Tedioso estudio.

Frente a mí un montón de folios, hojas de papel a modo de manual de instrucciones humano. El porqué de nuestra agresividad, el funcionamiento del amor, los mecanismos que regulan la motivación por la comida. Esquemas sobre nuestro cerebro, nuestras funciones, nuestras debilidades. Todo aquello que le quita el misterio a nuestros actos.

Reconozco que es un tema interesante, siempre y cuando no tengas que examinarte de él. Lamentablemente ése es el caso, así que los segundos sentado se me hacían eternos. El tiempo pasa más despacio cuando tienes un reloj a mano. Me aburría pero las obligaciones me mantenían atado a una silla nada cómoda, en una biblioteca demasiado fría. Y como toda biblioteca, tenía su bibliotecaria.

Una chica, por la pinta estudiante de ciencias ambientales, que se limitaba a colocar los libros sin demasiadas florituras. Se subía a un taburete para los estantes altos, se agachaba para los estantes bajos. Quitaba la pinza que sujetaba los libros más gruesos, recolocaba los más finos para que no se doblaran. Hacía su trabajo, en definitiva. No es que fuera especialmente interesante, simplemente era lo único que estaba pasando. Esa chica acalorada por el esfuerzo de empujar un carro lleno de gruesos tomos por los pasillos, sin reparar en ninguno de los estudiantes. Ni siquiera aquellos que en vez de observar sus apuntes la escudriñaban a ella de arriba a abajo.

No es que fuera especialmente guapa, simplemente era lo único que podía ver al levantar la visa. Podía tener mi edad, eso bastaba. Si hay algo tan cierto como que la biblioteca da sueño es que también da morbo. Todo estudiante ha pensado en usarla como picadero, algunos afortunados lo han hecho realidad. Suma dos y dos y me tendrás a mí pensando en introducirme salvajemente dentro de la joven bibliotecaria. Entre las estanterías es un buen sitio, apoyando las lumbares en los tomos de neurofisiología. ¿O tal vez en el apartado de cartografía? Las mesas son amplias, daría mucho juego. El rincón de las publicaciones descatalogadas es muy íntimo, ahí incluso podríamos decirnos un par de guarradas sin que nos molesten.

En pocos segundos, lamenté haber llevado chándal. En instantes posteriores, simplemente lamenté haber tenido sensibilidad de cintura hacia abajo. Mi aburrimiento y parte de mi imaginación me habían dotado de una erección que iba a ser difícil de obviar. Una de la que no iba a poder librarme fácilmente. Tras considerar diferentes opciones, y sin que mis lectores me cataloguen de pervertido, decidí que lo más factible iba a ser un pequeño viaje al cuarto de baño. Para aliviar tensiones. Aliviarlas manualmente. Podría haber pensado en otra cosa, podría haberme concentrado en el estudio. Claro. También podría haber estudiado medicina o haberme sacado ya el carné de conducir. Uno no siempre elije la opción más práctica.

Ordené un poco las hojas de papel y me guardé el reloj en el bolsillo de un prieto pantalón, decidido a levantarme disimulando la carga que llevaba delante. Pero mientras retiraba la silla para alzarme, una amiga apareció ante mí. No es que fuera especialmente fea, simplemente se alejaba de mi concepto de belleza. Pero a veces era simpática, eso sí. Sonriendo, arrugando la barbilla sobre el cuello y mostrando algunos empastes, se subió las gafas a la altura de las cejas y me saludó. Yo me notaba cada vez más ligero.

- No sabes lo que me alegra que hayas venido – respondí.

Y pude seguir estudiando.

A tientas

2010 Enero 9
por ludkubo

Qué difícil es mantenerse a oscuras.

Por recto que camines, es gracias a tus ojos. Da igual que no mires el suelo, da igual que hayas perfeccionado tu postura. Clases de protocolo, de pilates, nada de eso importa. Cuando se va la luz y te quedas solo en mitad del abrigo de la ausencia, cuando todo lo que ves carece de color, cuando oscurece… pierdes la compostura. Te tuerces, tu espalda se curva. Alzas las manos buscando apoyo, tus pies se pisan uno a otro. Sin tus ojos ayudándote, sin una referencia familiar, tu seguridad se desmorona. ¿Te has visto alguna vez caminar a oscuras? ¿Te has grabado alguna vez con una cámara de visión nocturna?

Durante la más absoluta de las noches eres torpe, patoso, vergonzoso. Cuando se va la luz tu confianza se va con ella.

Por encauzada que tengas tu vida, es así porque tienes a lo que agarrarte. Un deseo en el horizonte o una mano amiga como referencia, eso da igual. A lo mejor has caído tanto que has aprendido a caminar con cautela y paso firme, eso también da igual. Mientras haya luz en tu vida da igual lo tortuoso que sea el camino, saldrás adelante. Pero a veces tu vida se apaga. Dejas de ver lo que te espera, pierdes todo punto de apoyo. Todo lo que conocías o dabas por sentado de sumerge entre las sombras y te haces presa del pánico. Pierdes la compostura. Buscas desesperadamente un lugar al que agarrarte, sin criterio. Un interruptor, una linterna, encender una vela. El destello de unos ojos en la noche, da igual. Cualquier atisbo de luz te será útil, cualquier brillo es una nueva esperanza, otra oportunidad de retomar tu rumbo. Por firme y ligero que camines, la oscuridad pesa en tus hombros.

Durante la más absoluta de las noches eres torpe, patoso, vergonzoso. Cuando la luz se marcha de tu vida, tu confianza se va con ella.

Monolito

2010 Enero 4
por ludkubo

¿Lo has dejado tú?

No me gusta. No queda bien con el resto del mobiliario, ni siquiera está bien tallado. Además parece haber sido abandonado hace tiempo, dejado corroer. Quien lo haya traído, que se lo lleve.

Es oscuro y me mira cuando me muevo. Además sus cejas son espesas, como si ocultara algo tras sus ojos. Como si reflejarse en sus pupilas fuera un lujo al alcance de unos pocos. Y está lleno de imperfecciones, roturas, cicatrices en la piedra. Tiene estrías y han criado hongos en su interior, hongos que reptan y se mueven, dotándolo de vida. Es como mirarse en un espejo y verse la espalda.

No creo que sea un regalo porque nadie regala nada, y menos a aquellos que no aceptamos obsequios. Tampoco creo que haya sido una casualidad, un devenir de la fortuna. El azar no crea cosas así, no de esta manera. Es grotesco y parece siempre dispuesto a hablar aunque no tenga boca. Te intimida con la indiferencia, así es. Oportunista, apareciendo ahora. Justamente ahora y no en otro momento. Como si siempre hubiera estado ahí pero quisiera demostrarlo cuando le conviene.

¿Me entiendes no? Como esas promesas que te haces un lunes pero desechas por absurdas al día siguiente. Para volver a reciclarlas a la semana siguiente.

Se posa frente a mí y me atemoriza con su carencia de mirada. Como si no necesitara sabes quién soy para conocerme, como esos extraños que conviertes en tus amigos íntimos durante una sola noche pero cuyo nombre no te preocupas en recordar. Como esas zapatillas que te van pequeñas, que te aprietan los talones pero que no quieres dejar de llevar.

Me da miedo, no me gusta. Me recuerda demasiado a mí.

Perspectiva acuática

2009 Diciembre 29
por ludkubo

Algo se te escapa.

Un amigo se preguntó, “Si un Dios creó la vida, ¿quién creó a Dios?”. Y le di una respuesta para saciar su sed de dudas.

“Siempre estuvo ahí”, le dije, “pero nuestros primitivos ideales no son capaces de abarcar tal concepto. ¿Por qué todo tiene que empezar?”.

“Porque nada sale de la nada. Todo tiene un principio y un fin”, se reafirmó.

“Y los peces creen que todo el Universo es agua”, contesté con decisión.

“¿Eres tú un pez? Los peces no creen nada porque no razonan”.

Y por lo visto no son los únicos.